Mantenimiento y averías
Filtro de aire, de combustible y de habitáculo: cuándo cambiarlos y si afectan al consumo
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El coche tiene tres filtros que se suelen olvidar, y cada uno tiene su función.
Filtro de aire del motor: impide que entre polvo en los cilindros. Se cambia según el plan del fabricante, que suele ser por kilómetros o por años, antes si circulas mucho por caminos o zonas con polvo. En los motores modernos, un filtro sucio afecta sobre todo a la potencia; el efecto en el consumo es pequeño porque la inyección se ajusta. Aun así, es una pieza barata que no conviene alargar.
Filtro de combustible: retiene impurezas y, en los diésel, también el agua del gasóleo. En los diésel es importante: un filtro saturado o con agua puede dar tirones, dificultar el arranque en frío y dañar la inyección, que es lo caro. Cambia cuando lo diga el manual y, si repostas en sitios con poco movimiento, ten en cuenta que el agua se acumula.
Filtro de habitáculo (o de polen): limpia el aire que entra al interior. Si está sucio, el aire acondicionado y la calefacción soplan menos, los cristales se empañan más y huele a humedad. Se cambia una vez al año o según el manual, y en muchos coches lo puedes hacer tú en cinco minutos.
La regla general: lo que diga el plan de mantenimiento de tu coche, adelantándolo si haces un uso duro.
¿Cada cuánto los cambiáis? ¿Os hace el taller el del habitáculo o lo cambiáis vosotros?